Los reinos perdidos de la Tierra Media | Historia completa

Los reinos perdidos de la Tierra Media: historia, caída y legado eterno

A lo largo de las Edades del mundo creado por J.R.R. Tolkien, la Tierra Media fue escenario del surgimiento y la destrucción de civilizaciones extraordinarias. Reinos que brillaron con una gloria sin igual y que, sin embargo, fueron borrados del mapa por la guerra, la corrupción, el orgullo o las propias fuerzas de Arda. Estudiar los reinos perdidos de la Tierra Media es adentrarse en la historia más profunda y trágica del legendarium tolkieniano: un tapiz de grandeza y ruina que el propio autor describió como su intento de crear una mitología para Inglaterra, pero que terminó siendo una mitología para toda la humanidad.

Este artículo recorre de forma exhaustiva los principales reinos desaparecidos, desde las tierras élficas de Beleriand hasta la isla de Númenor, pasando por los reinos dúnedain de la Tierra Media y los dominios enanos sepultados bajo las montañas. Cada uno de ellos dejó una huella indeleble en el mundo que conocemos a través de El Señor de los Anillos y El Hobbit, y su comprensión enriquece de manera inconmensurable la lectura del canon.

Mapa en relieve de piedra de los reinos élficos de Beleriand durante la Primera Edad

Beleriand: el continente sumergido de la Primera Edad

Beleriand es, sin duda, el más vasto de todos los reinos perdidos de la Tierra Media. En realidad, no era un único reino sino un continente entero situado al noroeste de la Tierra Media, que albergó en su interior a una constelación de reinos élficos y humanos durante toda la Primera Edad. Su historia está narrada principalmente en El Silmarillion y en los Cuentos Inconclusos.

Doriath: el reino encantado de Thingol y Melian

En el corazón de Beleriand se extendía Doriath, el reino del rey Élfico Elu Thingol y su esposa Melian, una Maia de poder extraordinario. Melian tejió en torno a los bosques de Neldoreth y Region el llamado Cinturón de Melian, una barrera mágica que durante siglos mantuvo a Doriath a salvo de los sirvientes de Morgoth. La capital Menegroth, conocida como «las Mil Cavernas», fue tallada en la roca viva por enanos de Nogrod y Belegost bajo la dirección de Thingol, y se convirtió en uno de los lugares más bellos jamás construidos en Arda.

Doriath cayó no por la mano de Morgoth, sino por la codicia y la maldición del Silmaril que Beren y Lúthien recuperaron de la corona del Enemigo. Tras la muerte de Thingol a manos de los enanos, el Cinturón de Melian se disolvió, y el reino fue saqueado dos veces: primero por los enanos de Nogrod y después por los hijos de Fëanor, que reclamaban el Silmaril por su juramento maldito. Menegroth quedó en ruinas, y Melian abandonó el mundo para siempre.

Gondolin: la ciudad secreta de Turgon

Gondolin representa quizás el ejemplo más perfecto de reino perdido: una ciudad de belleza inigualable, escondida durante siglos en el interior de un círculo de montañas inaccesibles, y destruida en un solo día de fuego y traición. Turgon, hijo de Fingolfin, fundó Gondolin siguiendo las instrucciones de Ulmo, el Señor de las Aguas, en un valle oculto llamado Tumladen. Allí construyó una ciudad que rivalizaba con Tirion la de los Valar en esplendor.

Durante casi cuatrocientos años, Gondolin permaneció oculta a los ojos de Morgoth. Fue la traición de Maeglin, sobrino de Turgon cautivado por el Enemigo, la que selló su destino. En el año 510 de la Primera Edad, los ejércitos de Morgoth con balrogs, dragones y orcos asaltaron la ciudad. La caída de Gondolin fue narrada por Tolkien como uno de los grandes desastres de la historia de Arda. Solo un puñado de supervivientes, liderados por Tuor y Idril, lograron escapar. Entre ellos estaba el niño Eärendil, cuyo destino cambiaría el curso del mundo.

Nargothrond: el reino subterráneo de Finrod

Nargothrond fue el mayor reino subterráneo de los Elfos en Beleriand, fundado por Finrod Felagund a orillas del río Narog. Inspirado en las mansiones enanas, Finrod creó una fortaleza bajo tierra de enorme poder defensivo. Fue en Nargothrond donde Finrod demostró su lealtad al juramento hecho a Barahir, padre de Beren, acompañándolo en su misión y muriendo en las mazmorras de Sauron en Tol-in-Gaurhoth.

Nargothrond cayó por la influencia nefasta de Glaurung, el primer dragón de Tolkien, y por los consejos desastrosos de Túrin Turambar. El dragón saqueó las mansiones y las convirtió en su guarida. La ciudad nunca fue reconstruida, y sus ruinas permanecieron como advertencia de los peligros del orgullo y la desconfianza.

Al final de la Primera Edad, la Guerra de la Ira convocada por los Valar destruyó a Morgoth pero también hundió Beleriand bajo el mar. Todo ese continente, con sus reinos, sus historias y sus ruinas, quedó sumergido para siempre en las profundidades del Belegaer.

La isla de Númenor hundiéndose en el océano durante el cataclismo enviado por Ilúvatar

Númenor: la isla de los hombres elegidos

Si Beleriand es la gran tragedia de la Primera Edad, Númenor es la tragedia definitiva de la Segunda Edad. Los Valar, como recompensa a los Hombres que habían combatido contra Morgoth, levantaron del mar una isla enorme llamada Elenna, «la que mira hacia las estrellas», en cuyo centro se alzaba el monte Meneltarma. A sus habitantes, los Dúnedain o «Hombres del Oeste», se les concedió una vida tres veces más larga que la de los hombres ordinarios, un intelecto superior y la capacidad de desarrollar una civilización marítima sin parangón.

Durante más de tres mil años, Númenor fue la nación más poderosa de los Hombres. Sus reyes llevaban nombres en quenya y adûnaico, y la isla producía artesanos, navegantes, guerreros y eruditos de capacidades extraordinarias. Sin embargo, la sombra de la mortalidad pesaba sobre ellos: los Valar les habían prohibido navegar hacia el Oeste, hacia Aman, el continente inmortal. Esta prohibición, conocida como «la Sombra», fue el germen de su destrucción.

La corrupción de Ar-Pharazôn y la caída

El último rey de Númenor, Ar-Pharazôn el Dorado, cometió el error más fatal de la historia de los Hombres: capturó a Sauron y lo llevó a Númenor como prisionero. Pero Sauron era demasiado astuto para permanecer cautivo. En pocos años se convirtió en el consejero más influyente del rey, corrompió la fe de los númenóreanos en los Valar y los incitó al culto de Morgoth. Finalmente, convenció a Ar-Pharazôn de que solo conquistando Aman y arrebatando la inmortalidad a los Valar podría vencer a la muerte.

La Gran Armada de Ar-Pharazôn zarpó hacia el Oeste en el año 3319 de la Segunda Edad. Fue el acto de soberbia más grande jamás cometido por los Hombres. Ilúvatar mismo intervino: hundió la flota, sepultó a Ar-Pharazôn y su ejército bajo las colinas de Aman, y sumergió Númenor en el océano. En ese mismo cataclismo, el mundo fue hecho redondo y Aman fue apartado de los círculos del mundo. Solo los Elfos y aquellos con permiso especial podían navegar los «Caminos Rectos» hacia el Oeste.

Únicamente Elendil el Alto y sus hijos Isildur y Anárion, junto con un pequeño grupo de los llamados «Fieles», escaparon con nueve navíos cargados de tesoros, plantas sagradas y los palantíri. Ellos fundaron los reinos en exilio de la Tierra Media: Arnor en el norte y Gondor en el sur.

Arnor: el reino del norte y su fragmentación

Arnor fue fundado por Elendil en el año 3320 de la Segunda Edad, inmediatamente después de la caída de Númenor. Abarcaba un territorio enorme en el noroeste de la Tierra Media, con capital en Annúminas, a orillas del lago Nenuial. Durante la Segunda Edad tardía y el comienzo de la Tercera Edad, Arnor fue un reino poderoso, aliado de Gil-galad y participante en la Última Alianza de Elfos y Hombres que derrotó a Sauron.

Sin embargo, tras la muerte de Elendil en el Monte Doom y la posterior desaparición del Anillo Único, Arnor comenzó un lento declive. En el año 861 de la Tercera Edad, el rey Eärendur murió sin haber designado sucesor claro, y sus tres hijos dividieron el reino en tres estados menores: Arthedain, Cardolan y Rhudaur. Esta fragmentación fue fatal.

El Rey Brujo de Angmar y la destrucción final

El Señor de los Nazgûl, el Rey Brujo, estableció el reino de Angmar en el norte precisamente para destruir los reinos herederos de Arnor. Durante siglos, Angmar hostigó a Arthedain, Cardolan y Rhudaur con guerras incesantes. Rhudaur cayó primero, infiltrada por hombres de Angmar. Cardolan fue devastada por una plaga enviada por el Señor Oscuro. Finalmente, en el año 1974 de la Tercera Edad, Angmar conquistó Fornost, la última capital de Arthedain, y el último rey arnorita, Arvedui, murió ahogado en el Mar de Hielo.

Aunque Angmar fue destruida al año siguiente por una coalición de Gondor y los Elfos de Lindon, Arnor nunca fue reconstruida. Sus tierras se convirtieron en la Comarca, los Páramos de los Túmulos y las Landas del Norte: regiones despobladas o habitadas por hobbits que no tenían conciencia del glorioso pasado que pisaban. El heredero de Arnor sobrevivió en la línea de los Dúnedain del Norte, que culminó en Aragorn II Elessar.

Otros reinos perdidos: una visión de conjunto

Más allá de los grandes ejemplos anteriores, el legendarium de Tolkien está sembrado de otros reinos desaparecidos que merecen mención detallada.

ReinoEdadFundador / PuebloCausa de la caída
Beleriand (conjunto)Primera EdadElfos y HombresGuerra de la Ira; hundido bajo el mar
DoriathPrimera EdadThingol (Elfo Sindar)Asesinato de Thingol; saqueo enano y de los hijos de Fëanor
GondolinPrimera EdadTurgon (Elfo Ñoldor)Traición de Maeglin; asalto de Morgoth
NargothrondPrimera EdadFinrod Felagund (Elfo Ñoldor)Glaurung y el ejército de Morgoth
NúmenorSegunda EdadElros Tar-Minyatur (Hombres)Soberbia de Ar-Pharazôn; hundida por Ilúvatar
ArnorTercera EdadElendil (Dúnedain)División interna; destrucción por Angmar
Khazad-dûm (Moria)Tercera EdadDurin I (Enanos)Despertar del Balrog Durin’s Bane
EregionSegunda EdadCelebrimbor (Elfo Ñoldor)Traición de Sauron; destrucción en guerra
Angband / UtumnoPrimera EdadMorgoth (Vala caído)Guerra de la Ira; destruidos por los Valar

Eregion: el reino de los herreros élficos

Eregion, también llamada Hollin, fue fundada en la Segunda Edad por los Ñoldor bajo el liderazgo de Celebrimbor, nieto de Fëanor. Era un reino artesanal por excelencia, famoso por sus herreros, los Gwaith-i-Mírdain («Pueblo de los Artesanos de las Joyas»). Allí, con la tutela encubierta de Sauron bajo la identidad falsa de Annatar («el Señor de los Regalos»), se forjaron los Anillos de Poder, incluidos los Tres Anillos de los Elfos.

Cuando Sauron forjó el Único Anillo en el Monte Doom y los Elfos sintieron su intención de dominarlos, la alianza se rompió. Sauron atacó Eregion en el año 1697 de la Segunda Edad, destruyó el reino y torturó y mató a Celebrimbor para obtener la ubicación de los Anillos. Las puertas de Moria, que conectaban Eregion con Khazad-dûm, fueron selladas. Las ruinas de Eregion yacen bajo lo que en la Tercera Edad se conoce como Hollin, y los hobbits de la Compañía del Anillo atraviesan esas tierras silenciosas sin saber del todo lo que pisaban.

Khazad-dûm: el reino enano bajo las montañas

Khazad-dûm, conocida en la Tercera Edad como Moria («la Oscuridad Negra»), fue el mayor reino enano de toda la historia de Arda. Fundada por Durin I en los albores del mundo, fue habitada durante miles de años y alcanzó su apogeo durante la Segunda Edad, cuando los enanos extraían mithril, el metal más precioso de la Tierra Media. La alianza con los herreros de Eregion fue mutuamente beneficiosa y marcó uno de los períodos más prósperos de Khazad-dûm.

La caída llegó en el año 1980 de la Tercera Edad, cuando los enanos, excavando en busca de más mithril, despertaron a un Balrog que había permanecido dormido desde la derrota de Morgoth: Durin’s Bane. El Balrog mató al rey Durin VI y a su hijo Náin I, y los enanos huyeron de Khazad-dûm para siempre. Las mansiones quedaron abandonadas durante siglos hasta que fueron ocupadas por orcos y el propio Balrog, convirtiéndose en el lugar aterrador que la Compañía del Anillo atraviesa en La Comunidad del Anillo.

Las ruinas de Khazad-dûm, el gran reino enano conocido como Moria en la Tercera Edad

El legado de los reinos perdidos en la Tierra Media de la Tercera Edad

Una de las grandes genialidades narrativas de Tolkien es cómo los reinos perdidos no desaparecen del todo: su sombra, sus ruinas, sus reliquias y sus linajes impregnan el mundo de la Tercera Edad que conocemos a través de El Señor de los Anillos. La Comarca existe porque Arnor cayó. Los Túmulos al este de la Comarca son los sepulcros de los reyes de Cardolan, habitados ahora por espíritus malignos enviados por el Rey Brujo. Minas Tirith conserva en su torre los palantíri de Númenor. El propio Aragorn es el heredero de todos esos reinos perdidos: de Arnor, de Gondor, y en última instancia de Númenor y de la alianza con los Elfos.

Las ruinas son otro elemento fundamental. Weathertop, o Amon Sûl, fue una de las grandes torres de Arnor, donde se guardaba el palantír más poderoso del norte. Cuando los hobbits y Aragorn se refugian allí y Frodo es herido por el Rey Brujo, están en medio de las ruinas de un reino que existió mil años antes. Este tipo de estratificación histórica es lo que da a la Tierra Media su sensación única de profundidad y verosimilitud.

El lenguaje también preserva la memoria de los reinos perdidos. El sindarin, el quenya y el adûnaico son lenguas vivas que sobrevivieron a los reinos que las hablaban. Los nombres de lugares como Moria, Hollin, Weathertop o los Barrow-downs son traducciones o corrupciones de nombres más antiguos que apuntan a historias enterradas bajo el olvido. Tolkien, filólogo de profesión, sabía que las lenguas son el archivo más duradero de una civilización.

Por qué los reinos caen: los grandes temas de Tolkien

Tolkien no describe la caída de los reinos de forma arbitraria. En cada caso, es posible identificar uno o varios temas morales que el autor tejió conscientemente en la narrativa. El orgullo desmedido (hubris) aparece en Númenor, en Fëanor y en la soberbia de los hijos de Fëanor cuyo juramento destruyó tanto a amigos como a enemigos. La codicia aparece en la caída de Doriath, en la de Khazad-dûm y en la de Nargothrond. La traición y la desconfianza son el veneno que destruye Gondolin.

Pero Tolkien también muestra que el mal no tiene la última palabra. De las ruinas de Númenor surge Gondor. Del linaje de los reyes de Arnor surge Aragorn. De la destrucción de Gondolin escapa Eärendil, cuya misión ante los Valar provoca la caída de Morgoth. En el legendarium tolkieniano, la esperanza sobrevive siempre, aunque sea en forma de semilla enterrada bajo toneladas de escombros.

  • Orgullo y soberbia: Númenor, los hijos de Fëanor, Ar-Pharazôn.
  • Codicia: Doriath (los enanos de Nogrod), Khazad-dûm (excavación excesiva), Nargothrond.
  • Traición: Gondolin (Maeglin), Eregion (engaño de Sauron/Annatar).
  • División interna: Arnor (fragmentación en tres reinos).
  • Corrupción del poder: Númenor (influencia de Sauron sobre Ar-Pharazôn).

Preguntas frecuentes sobre los reinos perdidos de la Tierra Media

¿Cuál es el reino perdido más antiguo de la Tierra Media?

En términos estrictamente cronológicos dentro del legendarium, los primeros reinos en aparecer y desaparecer son los del período conocido como los Días Antiguos o Primera Edad. Entre ellos, Doriath es uno de los más tempranos en consolidarse como reino formal, aunque Khazad-dûm fue fundada incluso antes, en los albores del mundo, según se narra en el Señor de los Anillos y en los apéndices. Si se incluyen las fortalezas de Morgoth, Utumno fue la primera gran obra del Enemigo y también la primera en ser destruida, arrasada por los Valar en los Días Antiguos antes incluso del surgimiento de los Elfos.

¿Existe algún sobreviviente directo de Númenor en la Tierra Media de la Tercera Edad?

Sí. Los Dúnedain, tanto del norte como del sur, son los descendientes directos de los númenóreanos que escaparon de la catástrofe. En el norte, la línea de Elendil se perpetuó a través de los Dúnedain del Norte, culminando en Aragorn. En el sur, los reyes de Gondor mantuvieron la sangre númenóreana, aunque con el paso de los siglos esta fue diluyéndose por matrimonios con hombres de menor linaje. Aragorn, por su extraordinariamente pura ascendencia, hereda la longevidad y las capacidades de los númenóreanos de la época de oro.

¿Qué fue de los palantíri de Númenor tras la caída del reino?

Los palantíri, las siete piedras videntes forjadas por los Elfos de Aman, fueron llevados a la Tierra Media por Elendil y sus hijos entre los tesoros salvados del hundimiento. Cuatro quedaron en Arnor (en Amon Sûl, Annúminas y la Torre de Elostirion) y tres en Gondor (en Minas Ithil, Minas Anor y Orthanc). Con el tiempo, varios se perdieron: el de Amon Sûl fue destruido, el de Minas Ithil capturado por Sauron, el de Annúminas perdido en el Mar con Arvedui. En la Tercera Edad, los palantíri jugaron un papel crucial en los eventos de El Señor de los Anillos.

¿Podría reconstruirse alguno de los reinos perdidos?

Dentro del canon, la respuesta es parcial. Gondor y Arnor son restaurados simbólicamente bajo el reinado de Aragorn Elessar, que reúne los dos reinos en exilio de Númenor. Sin embargo, los reinos de Beleriand son imposibles de restaurar porque el propio continente fue hundido bajo el mar. Númenor tampoco puede ser recuperada: fue destruida por voluntad directa de Ilúvatar. Khazad-dûm es reconquistada brevemente por los enanos de Balin en la Tercera Edad, pero ese intento termina en masacre. La posibilidad de que los enanos recuperen Moria queda abierta al final de El Señor de los Anillos, cuando Gimli parte hacia las Cavernas Centelleantes con su pueblo.

¿Dónde puedo leer más sobre los reinos perdidos de la Tierra Media?

Las fuentes canónicas principales son El Silmarillion (editado por Christopher Tolkien a partir de los manuscritos de su padre), que narra en detalle la Primera Edad y la caída de Númenor; los Cuentos Inconclusos de Númenor y la Tierra Media, que amplían episodios específicos; y los doce volúmenes de La Historia de la Tierra Media, que recogen los borradores y versiones anteriores del legendarium. Para la Tercera Edad, los apéndices de El Señor de los Anillos ofrecen una cronología y una historia política indispensables. Todas estas obras juntas conforman el cuadro más completo posible de los reinos que brillaron y se apagaron en el mundo de Tolkien.

Deja un comentario